Sesiones individuales para mujeres que llevan años sosteniendo a todos menos a sí mismas. No vine a decirte qué ver. Vine a acompañarte a volver a tu lugar.
Escríbeme la palabra PERMISOPrimera llamada de 15 minutos, sin costo y sin compromiso. Solo para saber si esto es para ti.
Hay cosas que no se resuelven pensándolas más. Se repiten: la misma pelea, la misma relación con otra cara, la misma sensación de estar viviendo una vida que no elegiste del todo.
Nada de esto significa que estés rota. Significa que estás cargando algo que probablemente no empezó contigo.
Bert Hellinger observó algo simple y difícil de aceptar: mucho de lo que vivimos como "mi problema" no nació con nosotras. Viene del sistema familiar — lealtades que nadie eligió, personas que quedaron fuera, duelos que nadie hizo, historias que se heredan sin permiso.
Una constelación pone eso a la vista. No para culpar a nadie. Para ver. Y cuando ves de dónde viene, deja de ser tuyo cargarlo.
Desde 2017 las constelaciones significan para mí una sola palabra: ORDEN.
Y sobre todo, orden para aprender a ocupar mi propio lugar.
En una sesión conmigo vas a:
Lo que no vas a encontrar aquí: promesas de que todo se arregla en una sesión, ni alguien que te diga cómo tienes que sentirte. Mi trabajo es acompañarte a mirar, no decirte qué ver.
Todas se hacen online por videollamada, o presenciales en Miami.
Sin grupo y sin exponerte. Trabajamos tu sistema con anclajes, para ver qué se repite y de dónde viene.
El cuerpo también guarda memoria. Un trabajo con lo femenino, con lo que el útero sostuvo y nadie nombró.
Pérdidas, embarazos que no siguieron, hijos que no nacieron. Aquí no se juzga y no se apura: se les da un lugar.
Más corta y más concreta. Para encontrar tu propósito, ordenar una decisión, o cuando quieres empezar por algo menos profundo.
Trabajo energético y limpieza. Para cuando el cuerpo pide algo que la conversación sola no alcanza a mover.
Un encuentro con tu alma. No para pedirle nada — para recordar a qué viniste. Se prepara para ti: el momento, el lugar y lo que la ceremonia necesita.
Por WhatsApp, o hablando aquí mismo con Nayra, mi asistente. Cuentas lo que quieras contar.
Videollamada corta y sin costo. Te cuento cómo trabajo y vemos juntas si esto es para ti.
Entre 90 minutos y 2 horas. Llego habiendo leído lo que me contaste, así no empezamos de cero.
Te vas con algo concreto para sostener. Y con la puerta abierta si necesitas volver.
Soy Leticia Torres. Fui a mi primera constelación de la mano de una amiga, más por curiosidad que por certeza.
Durante gran parte de mi vida había ocupado, sin darme cuenta, lugares que no me correspondían: fui de alguna manera la mamá de mi mamá, de mi papá y de mi hermano. Cargaba, sostenía, resolvía y asumía responsabilidades que iban mucho más allá de mi lugar.
Ese día trabajé la relación con mi mamá, que entonces vivía conmigo. Cuando volví a casa, me dijo que había decidido mudarse con mi hermano.
No entendí del todo lo que había pasado. Pero algo dentro de mí sabía que se había movido. Algo había empezado a ordenarse.
Ese día me enamoré profundamente de lo que había vivido.
Después vinieron dos años de formación y un viaje a Colombia para graduarme. Y desde ahí, cada puerta abrió otra: hipnosis, tarot, biodescodificación, alineación de chakras, Munay-Ki. Una iniciación con una comunidad indígena shipibo en la Amazonía peruana, junto a la maestra Matilde, donde aprendí desde la experiencia, el respeto y la escucha.
Y después la India, que para mí fue mucho más que un viaje. Llegué queriendo conocer religiones y filosofías, y terminé encontrándome con preguntas mucho más hondas sobre el alma, el cuerpo y la muerte. Ahí entendí cuántas de las verdades que damos por absolutas dependen de la cultura y de la conciencia desde la que miramos. Y aprendí a ver la muerte de otro modo: no solo como un final, sino como una transición.
Con el tiempo entendí que ninguno de esos caminos llegó por separado. Cada uno me dio una pieza. Pero el aprendizaje nunca estuvo en acumular certificaciones: estuvo en vivirlos, en cuestionarme, en atravesar lo mío, en soltar, en volver al cuerpo, en escuchar el alma. Y en regresar, una y otra vez, a mi lugar.
Empecé buscando respuestas afuera, y poco a poco me fueron llevando hacia adentro.
Cada uno de estos lugares me dio una pieza. Ninguno me dio un certificado que valga más que haberlo atravesado.
No vine a ocupar el lugar de nadie.
No vine a cargar lo que no me pertenece.
Vine a honrar mi historia, integrar lo aprendido
y ocupar plenamente mi propio lugar.
Y desde ese lugar, acompañarte a encontrar el tuyo.
Círculos, ceremonias y encuentros. Los cupos son pocos a propósito.
No. Las sesiones son individuales: vienes tú sola. Tu familia se representa con anclajes, no con personas de carne y hueso. Nadie de tu familia tiene que enterarse ni participar.
Sí. La mayoría de mis sesiones son online y funcionan igual. Solo necesitas una hora y media sin interrupciones, un lugar donde puedas hablar tranquila y llorar si te pasa.
No, y nunca te voy a decir que sí. Esto acompaña, no reemplaza. Si estás en tratamiento, sigue con él: lo que hacemos aquí no interfiere. Y si estás tomando algo, eso se decide solo con quien te lo recetó.
No lo sé, y desconfía de quien te lo diga antes de conocerte. Muchas mujeres hacen una y les alcanza para un buen tiempo. Otras vuelven cuando aparece algo nuevo. No trabajo con paquetes ni te pido que te comprometas a nada.
No. Solo lo que quieras contar. Hay cosas que se pueden trabajar sin ponerles palabras, y si hay un tema que prefieres no tocar, no lo tocamos.
Sí. De hecho, cuando falta información suele ser porque hay algo que en esa familia no se podía nombrar — y eso ya es material para trabajar. No necesitas traer un árbol genealógico.
La constelación cuesta $111 USD — ese es también el precio de la sanación de útero, del trabajo con los hijos que no llegaron y de la alineación de chakras. La sesión de coaching, de 45 minutos, cuesta $50 USD. La primera llamada de 15 minutos no tiene costo: es para que me conozcas y decidas sin apuro.
Una sola palabra. No tienes que explicarme nada todavía.
Te contesto yo, y agendamos 15 minutos para conocernos. Sin costo y sin que te comprometas a nada.
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